Pocos son los libros que logran ser traducidos a varios idiomas, que permanecen disfrutando del favor del público por más de seis décadas, que son millonarios en ejemplares vendidos y siguen reimprimiéndose año tras año. Si le llegan noticias de uno no dude jamás en adquirirlo y leerlo.
Tiene en sus manos uno de ellos, el libro de lecturas devocionales que ha inspirado y bendecido a millones de personas por más de sesenta años.
Su mensaje diario apela porque, al igual que los Salmos, habla en forma directa, tierna e inspiradora al corazón de la persona cansada y atribulada. Y como ahí nos encontramos muchos, más veces de las que quisiéramos, terminamos echando mano de aquellos recursos que la experiencia universal dice que es medicina auténtica y no un mero sucedáneo.
La señora Cowman y su esposo ministraron en Japón y China como misioneros pioneros de 1901 a 1917. Cuando la débil salud del esposo les obligó a regresar a los Estados Unidos, la señora Cowman le cuidó solícitamente hasta su muerte.
De esa multitud de experiencias misioneras y familiares brotó el primer volumen de Manantiales en el desierto. La señora Cowman continuó ministrando y escribiendo durante los siguientes veinticinco años.
El domingo de Resurrección de 1960, a la edad de noventa años, partió para contemplar cara a cara a Aquel que sirvió tan fielmente en la tierra.